En Letra Pequeña


Fabián Medina

Twitter: @Fabian_Med

Real y virtual

¿Hay corrupción en este Gobierno? Y si la hay, ¿cómo se castiga? Parecen preguntas tontas, pero resultan pertinentes en esta Nicaragua donde hay dos países: uno virtual y otro real. En la Nicaragua virtual, de puro papel, no hay corruptos en las cárceles, lo que indicaría que, o no hay corrupción o, si la hay, no se está castigando. En la real es otro asunto. Los corruptos florecen como hongos desde la Presidencia hasta las porterías, y hay un sistema que alegremente ha clasificado a los corruptos en tres categorías: a los que se les premia por serlo, a los que se les deja ser, y a los que se les castiga porque comenten precisamente el único tipo de corrupción que no se tolera en este régimen.

Mariano Fiallos

Hay hombres a los que en determinado momento les corresponde escoger en qué lugar de la historia quieren ubicarse. La gloria o el estercolero. El doctor Mariano Fiallos Oyanguren escogió la gloria. Para él hubiese sido muy fácil, seguir, por ejemplo, los pasos de Roberto Rivas. Vivir como rey, con lujosa casa de playa en San Juan del Sur, avión privado y mansiones en Costa Rica, pero prefirió pasar sus últimos años viviendo modestamente en su casa de León, de su pensión y con el apoyo familiar. ¿En qué lugar de la historia estará Mariano Fiallos? ¿En cuál Roberto Rivas?

Peces grandes y peces chicos

¿Cuántos corruptos están detenidos actualmente en Nicaragua? Algún funcionario de Aduanas que alteró unos formularios, unos gestores que falsificaron unas pólizas de seguro y, tal vez, el más sonado, aquel caso de una treintena de cheques que sumaban unos 3.5 millones de córdobas en perjuicio de la Alcaldía de Managua, en un proceso que separó cuidadosamente a los peces grandes de los chicos, y por supuesto exoneró a los primeros y condenó a los segundos. ¿Se acuerdan? Aquel dinero que los funcionarios menores de la Alcaldía aseguraban que ellos no se lo habían robado, que solo fue que lo desviaron de las arcas de la comuna para pagar a los rezadores de las rotondas, y que lo hicieron por órdenes superiores, como demostraban las firmas de los cheques. De nada les valió. Involucrar a los jefes más bien los hundió.

Polos opuestos

Mariano Fiallos Oyanguren representa todo lo contrario a lo que representa Roberto Rivas Reyes. Es su antítesis. Polos opuestos. Positivo y negativo. Dios y diablo. Y aquí, por favor no vayan a caer en la chapucería de decir que la estatura moral de Fiallos deviene de que certificó la derrota del Frente Sandinista, como si el mérito de un árbitro electoral está en hacer perder a un partido o hacer ganar a otro. No. El mérito esta en hacer elecciones limpias y justas. Punto. El que gana, gana, independientemente de las preferencias partidarias del árbitro. Eso fue lo que hizo grande a Mariano Fiallos. El mérito está en escoger la vida austera, pero digna y correcta, cuando se pudo escoger la vida de sultán, pero indigna y reprochable, haciendo trampas.

Ladrón que roba a ladrón

El concepto de corrupción en este Gobierno es bastante elástico. Corrupción no es, ya vimos, desviar dinero de la Alcaldía para mantener unos grupos de rezadores colocados por el Frente Sandinista en las rotondas de Managua. Ni usar bienes estatales en actividades partidarias, ni hacer negocios a la sombra del Estado, ni retorcer la ley para beneficio propio, ni hacer fraudes. La corrupción que se castiga es otra. Robar para el partido, para la Familia o con el visto bueno de la Familia, eso ya no es delito en Nicaragua. El delito es robarles a ellos. Aquí, el ladrón que roba al ladrón no goza de los cien años de perdón que el adagio reza, y, al contrario, son los únicos castigados. Este último tipo de corruptos son aquellos que repentinamente desaparecen de los cargos que ocupaban, sin proceso visible, sin seguir el procedimiento que la ley manda, y con una única explicación, uniforme y en serie, como todo lo que hacen ellos: están enfermos. Y desaparecen.

El costo de los corruptos

El asunto es que la corrupción y los corruptos nos cuestan muy caro. No solo por el dinero que se roban, sino también por el dinero que se gasta para aparentar ese país virtual que ni se usa: Contraloría, Fiscalía, Policía, leyes y tribunales. Porque los únicos corruptos castigados son aquellos que el gran dedo señala. Y al final, la corrupción no es solamente un asunto de dinero. Imaginemos no más que en aquellas elecciones de 1990 hubiese estado Roberto Rivas en el lugar de Mariano Fiallos, y este sistema electoral en lugar de aquel. Estaríamos en guerra aún. ¿Cuántas personas hoy estamos vivas porque en ese momento hubo un hombre honesto contando los votos? La corrupción es, pues, un asunto de sangre también.

 


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